Posts by Ghibril

Al final del camino

¿Has recorrido ya tu camino? ¿En qué parte te encuentras? Lo gracioso de la vida es que no sabes cuánto sendero nos queda. Cierto es que, la vejez, es cuando notas que los pasos pesan más y el final se acerca. ¿Pero quién nos asegura que el camino es corto o se alargará hasta 10 años más? Nadie.

Algunos de estos caminos están llenos de tierra, de enormes piedras que aparecen y desaparecen a su antojo. Por mucho que tengamos cuidado acabamos tropezando y duele, ¡joder si duele! Pero hay que seguir caminando porque, todavía, queda mucho por recorrer. Descalzo notas la tierra que se resbala por tus dedos, que va acariciando la piel de todo tu pie creando una singularidad y una intimidad que solo tú conoces. Cuando llevas demasiado tiempo caminando, empiezas a notar cómo ya no acaricia, sino que roza hasta provocar llagas. Empiezas a sangrar… el camino sigue y hay que acabarlo.

Hay otros senderos de asfalto, como una carretera infinita de doble sentido que se abre entre montañas, creando sombras fantasmales que, realmente, aterran. Y hace frío, mucho frío. Sin embargo, no hay marcha atrás, ni siquiera curvas. Solo un horizonte basto sin nada interesante, sin ninguna motivación para seguir avanzando. Pero sigue caminando. Sin descanso.

Existen pequeños pasajes donde crece la hierba, donde los colores asoman a doquier para provocar un alivio en tus pies que no dejan de sangrar por la rozadura del asfalto, de la tierra, de las piedras, del Sol abrasador y de las noches frías donde la Luna no quiere aparecer.

Pero es el camino y hay que llegar al final.

¿Has conocido a seres mientras caminabas? Estos seres que aparecen y desaparecen a su antojo están para entretenerte, para que no se te haga tan duro el recorrido. Sin embargo, algunos te cogen de la mano para aguantar kilómetros y kilómetros a tu lado. El doloroso momento en el que tienen que marchar, en el que deben seguir sus pasos porque tu dirección es una y el de ese ser es otra. Cuando ocurre esto decides parar un momento, arrodillarte en el camino y esperar a que vuelva. Pueden pasar siglos, milenios… nunca va a volver. La esperanza de que los caminos se crucen es lo que permanece hasta el final.

De repente, una fuerza sobrehumana se apodera de ti y consigue que te levantes. Tus pies se han curado de las heridas y están dispuestos a seguir hacia adelante. Vuelven a darte la mano, vuelves a sonreír, vuelves a sentir que no estás solo hasta que llega el final, a veces tan largo, a veces tan de sopetón.

Una enorme cortina se sitúa entre el cielo y la tierra que pisas. Un resquicio deja pasar la luz cegadora, como si el Sol solo consiguiera pasar por ahí mientras todo queda en penumbra. En ese momento todo desaparece, sólo estás tú y la enorme cortina que espera a que la abras para pasar al otro lado. Entonces, tras tanto tiempo caminando solo, tras tanta desesperanza, tras sentirte abandonado mientras tus pies se curaban al mismo tiempo que tu corazón se recomponía, te sorprende descubrir que hay muchas más cortinas a lo lejos, más hilos de luz de esperanza. Y descubres que no estás solo, nunca lo has estado. Porque todos sentimos algo parecido, porque todos tienen un camino.

Tu voz llegará a algún lugar y conseguirá que los que siguen caminando sonrían, aunque sea por un ápice, por un instante y ni siquiera sepan de dónde viene esa sensación. Canta, sonríe y traspasa la cortina. Todo ha acabado. Tus pies no sangrarán más. Tu corazón está intacto y late, sin descanso.

Entonces, quizá en ese momento, te hagas las siguientes preguntas:

¿Cómo podemos sentirnos solos si todos experimentamos el mismo sentimiento?

¿Cómo podemos sentirnos abandonados cuando todos queremos lo mismo?

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Sonrisa

Siempre una sonrisa.

Aunque estés totalmente roto por dentro, una sonrisa en los labios mejora cualquier estado anímico. Pero cuando sale desde dentro, cuando notas que las piezas se recomponen es cuando esa sonrisa brilla a kilómetros.

Ojalá pudiera explicaros qué se sentía cuando tus labios se extendían hacia los dos extremos, se entreabrían para mostrar tus dientes y, entonces, una dulce carcajada salía de tu boca porque la felicidad se desbocaba, conseguía salir por los poros y demostrarse en los labios. También en unos ojos que se entrecerraban debido a los rasgos que se dulcificaban al explotar en un placer que todos conseguimos, aunque sea solo por un mísero instante.

Y, las sonrisas, no saben de edad, no conocen un límite para decir: “ya es tarde”. Sin embargo, hay momentos en la vida donde cualquier experiencia se convierte en plena, consigues vivir todo tan intensamente que lo de alrededor te da igual. La tristeza y la desesperación son sumamente potentes, pero obtienes la recompensa al ver que, la felicidad, el placer y la alegría son mucho más fuertes. Es el momento en el que te sientes vivo.

A lo largo del camino de la vida seguimos sonriendo, pero va perdiendo fuelle, la esencia se va agotando. Solo hay una manera de volver a recuperar la fragancia completa, que sus feromonas, que su energía positiva vuelva a inundar todo lo que haya alrededor, incluso a las almas más negras.

A lo largo del trayecto encontramos tantas dificultades que comienzan a rasgar dentro de la carne hasta penetrar en nuestro ser. Nos hace necesario eso de construir una coraza para poder protegernos de cualquier mal. Empezamos a dejar de vivir, a dejar de sentir. Nos convertimos en meros robots que obedecen las órdenes de la sociedad que nos ha tocado vivir. Asientes cuando realmente quieres decir “no”, ríes cuando desearías gritar, llorar o desatar toda la furia que has ido construyendo junto con ese enorme muro que está labrado con frustración y silencios.

La sonrisa permanece, pero ya no es real, está hecha añicos. Tus ojos no siguen la sintonía de los arcos de tu piel que van formándose mucho más duros debido al paso de los años, pero no provocados por las sonrisas verdaderas.

Sin embargo, no pierdas la esperanza. Sigues respirando, eso es lo importante. No temas a lo que está por venir y, de vez en cuando, vive.

Di lo que sientes.

No tengas miedo.

A veces el “no” es lo que debes decir.

Y, entonces, quizá llegue el momento en el que vuelvas a sonreír de verdad.

Ya se sabe que, la esperanza, es lo último que se pierde. No la dejes escapar mientras sigues construyendo tu coraza.

Y, lo más importante, aunque cueste, no dejes de sonreír nunca.

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Cuántas veces

Cuántas veces se habrá repetido que la perfección no existe, que es imposible que pueda manejarlo todo ella sola, que el control en todos los ámbitos de la vida, de la sociedad, son imposibles si no eres una máquina. ¡Oh! ¡Cuántas veces habrá soñado con ser un robot sin alma, donde las acciones o tareas a realizar fueran perfectas. Y, si no sale bien, no pasa nada. La conciencia está tranquila, eres solo una máquina que se puede arreglar con facilidad. Y aquí no ha pasado absolutamente nada.

Cuántas veces le han dicho eso de “no eres perfecta, no puedes controlarlo todo”. Si se pusiese a enumerar las ocasiones en las que allegados y no tan allegados le han dado consejos podría sumar miles. Cuando esto ocurre asiente, da las gracias, pero por dentro sigue sintiéndose sola, el vacío inunda su ser y nota como el desamparo empieza a llenar ese vacío. En ese momento piensa que, ojalá, se hubiera quedado así, vacío.

Si pudiera describirlo de manera gráfica, tenerlo todo bajo control es como si estuviera atada de pies y manos con un sinfín de cables que recorren su cuerpo, que están conectados en perfecta armonía, pero que le aprietan, apenas le dejan respirar, pero aguanta porque sabe que, si todo circula como debe, todo irá bien.

Sin embargo, de vez en cuando, casi cada día últimamente, ocurren cortocircuitos que recorren todo su cuerpo. Pero no puede desatarse, ni siquiera arreglar ese cable que no conecta bien. Así que no le queda otra que aguantar los calambres hasta explotar.

Cuántas veces habrá deseado explotar…

Cuántas veces habrá rogado que la sacasen de ahí…

Cuántas veces.

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La ventana

Dicen que, fuera, el Sol brilla con tanta intensidad que puedes divisar hasta el punto más lejano que alcanza tu vista con total claridad. Al principio no me lo creía. No confío en los rumores, ni siquiera en los que parecen ser certeros. Sin embargo, todo este asunto me parecía tal cuento de hadas que lo había obviado, no le había dado la más mínima importancia.

Pero ya son varias las pruebas que dictaminan que la luz brilla y que proviene de esa estrella, la cual yo tenía olvidada. Lo que nadie cuenta es que abrasa, pero que calma a cualquier alma descarriada, a cualquier ser que respire y cuyo corazón todavía lata. Al menos es ese fuego lo que yo siento cada vez que, tímidamente, asomo una mano desde la ventana. Ni siquiera he sido capaz de abrir las cortinas y, mi miedo, me obliga a mantener los ojos totalmente cerrados hacia lo desconocido. No obstante, si al sacar mi mano recibo un golpe de calor que hasta duele, ¿no debería ser prueba suficiente de que existe? Todavía no me atrevo a abrir las cortinas y, mucho menos, dejar pasar el calor desde la ventana hasta la habitación.

Imagina lo que me costó dar el paso.

Pero un día me armé de valor. Dije: “¿por qué no?” Si todo el mundo lo hace tú podrás con todo. Manifestaba una ola de valor en las venas que sentía que el corazón me palpitaba con fuerza, tanta que casi se salía por la boca. Temblaba desde la punta de los dedos de los pies hasta el extremo más efímero del cabello de mi cabeza. Pero me sentía con tanta valentía que sabía que era el momento en el que tenía que hacerlo. Debía ver el Sol.

Con paso decidido empecé mi camino hacia la ventana de la habitación. Apenas es un dormitorio de unos pocos metros, pero para mí fue como un sendero largo y angosto lleno de complicaciones y obstáculos. Me paré frente a la ventana. La misma tenía las cortinas totalmente echadas, la persiana bajada hasta el límite y, por supuesto, la ventana estaba cerrada a cal y canto. Con una mano temblorosa abrí la cortina izquierda y, luego, la derecha. Puse mi mano derecha en la cinta corredera y empecé, poco a poco, a abrir la persiana. Mientras realizaba todas estas acciones mis ojos estaban cerrados con tanta fuerza que casi hundía mis ojos sobre sus propias cuencas hasta colarse hacia abajo.

La persiana subía, subía, subía, me pareció un ejercicio eterno hasta que paró, ya no podían ascender más. Palpé la apertura con cerrojo de la ventana y, lentamente, con la mano cada vez más temblorosa conseguí abrirla. Era el momento, lo sabía. Yo seguía con los ojos cerrados.

La ventaja se abrió y noté fuego en mis mejillas a través de un viento que traía esperanza. Aguanté como una campeona porque notaba que abrasaba mi piel hasta comerse mis músculos y mis nervios. Dolía tanto que las lágrimas salían de los pequeños huecos que quedaban entre mis párpados arrugados del esfuerzo y mis pestañas, las cuales no podían más de la presión que ejercía para mantenerlos cerrados.

De repente, paró. Ya no sentía ni la más mínima brisa. Notaba como mis músculos, mis nervios, mi piel se reconstruían y perdían toda sensación de calor. Perdían todo tipo de sensación. Acerqué la mano a mi rostro. Aunque sabía que estaba ahí, no sentía nada. Había dejado de existir, otra vez.

Dejé de llorar y abrí los ojos. Mi habitación estaba igual que siempre. La total oscuridad invadía cualquier rincón sin dejar un atisbo de luz, por mínima que fuera. Solo cambió que, la ventana, la cual sujetaba furiosa, estaba abierta. No había nada fuera. Solo vacío. El cual volvió a entrar en mi habitación.

Esos malnacidos me mintieron de nuevo. Me hicieron creer que el Sol existía. Que su suave luz me calmaría y me transportaría hasta la felicidad. Volví a caer en la trampa de los que permanecemos encerrados en las habitaciones soñando despiertos, creyendo en cuentos de hadas, sin que nadie nos trate como ilusos.

Y, de nuevo, volvió a invadirme una brisa helada y la oscuridad volvió a mis ojos abiertos como platos.

Te daría lo que fuera necesario por expulsar el vacío…

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Life is Strange: ¡vuelvo a la vida!

Life is Strange: ¡vuelvo a la vida!

¡Heeeeeeeeey queridos y queridas!

Hacía mil años que no escribía y, digo, escribir para mí, porque me apetece hablar de un tema, porque quiero que se me vaya la olla. El tiempo, el cual me escasea, no me deja tregua para actualizar mis blogs y sé que muchos me seguís, así que os pido mil disculpas 🙁

Quiero hablar de muchas cosas y quiero empezar por un juego que terminé justo ayer: Life is Strange.

Lo sé, lo sé. Es un juego que salió hace unos años, pero vi una oferta en Steam y me dije: ¡venga va Ari, que hace mil años que no juegas! Quería hablaros de mi sensación sin, evidentemente, hacer spoilers. Lo que no os romperá la magia es saber que se trata un juego cuya, jugabilidad, es escasa. Se mueve a través de decisiones y algunas acciones que debemos tomar que lo hace más atractivo, pero no esperéis matar bichos a tiros o pegar saltos como locos.

Reconozco que se me hizo algo pesado porque hablan mucho, mucho… Creo que se podría haber sintetizado algo más sin perder la magia, al mismo tiempo que no hubiera estado mal adaptar algo más de acciones para hacerlo más entretenido en el mundo del videojuego. No obstante, me sentí satisfecha con el resultado porque conseguí darme cuenta que es una historia que te atrapa y te hace replantearte quién eres, cómo actúas y, en situaciones difíciles, qué decisiones tomarías y cómo afectaría eso al futuro e, incluso, al pasado y al presente. Los personajes están muy bien tratados, todos con carisma y con una empatía que se gana tu corazón por muy odiosos que parezcan.

Una de las cosas que me sorprendí sobre mí misma fue ver que sí, que tengo bueno ojo para calar a la gente que no es de fiar y, los que habréis jugado, ya habéis descubierto a quién culpé en un momento dado que resultó ser una de las piezas claves al final (y no digo más).

 

Max & Chloe

Me gustaría hablar de Max, Max Caulfield, la protagonista que posee el poder de ir hacia atrás en el tiempo:

NO ME CAE NADA BIEN. Es una chica que solo se lamenta de las cosas, que es valiente, pero siempre con un aura emo que me disgustaba. Los creadores hicieron bien eligiéndola porque es un sujeto con el que la evolución es muy atractiva y vemos cómo es capaz de madurar. Sin embargo, no madura porque los creadores la hayan hecho así, sino por las decisiones que tú tomas. Su mejor amiga, Chloe, es todo lo contrario. Te enamoras al isntante de su rebeldía, pero aún así tiene algo que chirría. Juntas hacen que el binomio sea perfecto y que, ambas personalidades, acabaran encajando en mí comprendiendo los sentimientos de ambas.

El juego va sobre la amistad a grandes rasgos y es algo que valoro muchísimo. Cambia por completo el concepto de videojuego para sumirte en una serie de 5 episodios que te atrapa y que depende absolutamente de lo que tú decidas, no de lo que haya decidido el juego por ti para tú seguir jugando.

 

La magia de la música y la luz

La banda sonora de todo el juego es increíble, encajando con ese carácter emo de Max junto con la tónica punkarra de Chloe. Te atrapa cada secuencia con unos toques musicales muy bien buscados, incluso por la letra si le prestas atención. La luz, ¡oh la luz! Si hablamos que la cosa gira entorno a la fotografía y el arte, es algo que se tiene que tener en cuenta y es un perfecto retrato de ello. Las luces, los colores y el ambiente es acogedor, incluso llega a ser incómodo cuando la cosa se pone algo más tensa, sobre todo, en el momento final del juego.

Yo lo recomiendo como una experiencia, como una manera de entrar en ti y conocerte mejor. Notarás cómo te va conquistando y conseguirá que entiendas más cómo eres a través de tus decisiones. Es capaz de conquistarte y ver el mundo a través de tus ojos con Max y compañía.

Como extra y, sabiendo que es un juego de selecciones, puedes pasártelo una y otra vez tomando diferentes opciones cada vez para ver cómo evoluciona. No obstante, es recomendable que, al menos la primera vez, sea con las que realmente tú tomarías y, ¡ojo! No son nada fáciles…

 

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