Nosotras no estamos hechas para este mundo

Estás destrozada por dentro. Sé lo que es. Sé lo que se siente. Sé que crees que nadie puede comprenderte. Cuando pasas más de un segundo mirándote al espejo las lágrimas empiezan a brotar sin sentido alguno. En ese momento dejas que se derramen. Litros y litros de agua que se traducen en sequía para el resto de tu ser. Pero te da exactamente igual porque tienes la sensación de que no existes. Y, de repente, una angustia recorre todo tu cuerpo al intentar razonar el por qué de esas lágrimas. Entonces llega la desesperación por no encontrar ningún motivo y sentirte brutalmente estúpida por llorar sin razón alguna. Blanda, floja, sensible de mierda, eres una penas y das muchísimo asco. Inconscientemente estas palabras se repiten en tu cerebro martilleándote con una sensación de soledad que te engulle y te hace chiquitita, minúscula, un átomo sería 100 veces más grande que tú. A mí me costó encontrar el motivo pero finalmente lo alcancé. Las lágrimas eran en realidad el terror de no verme reflejada en el espejo, el pavor de haber desaparecido por completo, de que mi esencia se había esfumado y tan solo era un cuerpo lleno de grasa y huesos que no servía para nada.

Que nadie te engañe conque esto se cura porque no es así, pero sí se puede soportar. No tienes que sentirte culpable por llorar o estar triste y mucho menos por disfrutar de un momento de gozo a pesar de que al día siguiente puedas estrellarte. Eres alguien especial y el ser especial no siempre es positivo. Eres diferente a los demás y en el fondo lo sabes. Eso te enerva por dentro y deseas ser como el resto de seres humanos que disfrutan del tiempo sin total preocupación teniendo la vida resuelta. ¿De verdad quieres ser así? Si rebuscas más en tu fuero interno tú deseas ser diferente porque no te gusta el mundo en el que vives. Y créeme que eso no es tan malo. Pero requiere de mucho esfuerzo comprender que para una persona como tú soportar el mundo es mucho más difícil que para los demás. Tiene cosas bonitas, muy bonitas y sé que lo sabes. Y es a eso a lo que tienes que aferrarte para soportar el momento en el que se presentan las cosas malas. Un chiste malo, una sonrisa, un olor que reconoces, el café a media mañana, a media tarde o por la noche, cuando te pruebas un vestido que te queda como anillo al dedo, cuando te miras al espejo e imitas un beso con ese labial que te encanta, cuando saboreas el chocolate que, curiosamente, hoy sabe mejor que ayer, cuando recibes un mensaje inesperado, cuando tu gatita o tu perrita te miran con eses ojos que desatan toda la ternura que la humanidad parece haber olvidado, cuando al día siguiente de resaca le dices a tu amiga que no piensas beber más, cuando ves tu película favorita con ella u os reís al ver una película mala con unas cuantas copas de más e incluso cuando miras el tatuaje de tu brazo y te das cuenta de que 1000 kilómetros, 50 mil u 80 millones de años luz no son nada.

Quizá es que este mundo no está hecho para nosotras y no nosotras para él. Al final llegué a comprender que existen miles de mundos y que, en contadas ocasiones, los compartes con esas personas especiales. ¡Que le jodan al resto de mundos! El nuestro a veces está triste, agonizante pero en cuanto rebosa de vida es el más envidiable de todos. Y sé que lo sabes. Y sé que te vas a volver a encontrar porque no vas a desaparecer.

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